En el país existen 94 regiones rurales donde se concentran cerca de 32.7 millones de personas que viven en mil 594 municipios de alta y muy alta marginación.

Rosalinda Cabrera Cruz

En el país existen 94 regiones rurales donde se concentran cerca de 32.7 millones de personas que viven en mil 594 municipios de alta y muy alta marginación. Si bien no toda la población de estos municipios enfrenta situaciones de pobreza, sí se ubican en ellas las dos terceras partes de la población que se considera vive en condiciones de pobreza extrema en México.

Esto fue asegurado por Luis Alberto Sánchez Martínez, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México y colaborador durante una década en la secretaría de Desarrollo Social. Según fue afirmado por el especialista, en México existen actualmente muchas propuestas para combatir la pobreza, las que pretenden incidir en las causas estructurales que la generan.

Indicó que hay opciones que proponen adoptar estrategias fundamentalmente de promoción económica para aliviar de manera productiva las condiciones de vida en regiones deprimidas, lo que implica detectar potencialidades tanto de recursos naturales, humanos y de localización industrial para impulsar proyectos que generen rentabilidad económica, empleos e ingresos para las familias.

Por otro lado, subrayó que existe un planteamiento donde el combate a la pobreza tiene que pasar necesariamente por una plena descentralización de competencias y recursos a los estados y municipios, que en el mejor de los casos deben ir acompañadas de políticas federales que compensen desequilibrios estacionales o emergentes.

Asimismo, recordó que hay quienes sugieren que superar las manifestaciones regionales de la pobreza solamente se logrará mediante inversiones de largo plazo en programas focalizados de asistencia a individuos o familias, que buscan atender integralmente las necesidades básicas del desarrollo humano. Añadió que estos esfuerzos pretenden maximizar el rendimiento social del gasto público.

Finalmente, existe otro enfoque que pone énfasis en la comunidad como promotora de su propio desarrollo y que ha sido abordado tanto desde una perspectiva institucional como por parte de organismos no gubernamentales.

En este sentido, indicó que cualquier proceso de desarrollo en regiones de pobreza, requiere construir un motor interno de cambio con la suficiente fuerza para no caer en la dependencia gubernamental, lo que significa implementar en la sociedad formas diversas de organización comunitarias que promuevan la autogestión.

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