Cada semanaInvestigaciones

Las encuestas presidenciales frente al resultado

La historia de la relación entre las encuestas y los resultados en las elecciones presidenciales en México

Por: Ricardo de la Peña/México Social

La historia de la relación entre las encuestas y los resultados en las elecciones presidenciales en México, muestra ciertas constancias que se rompen en el caso de la elección de 2024. En 2000 las encuestas fueron mostrando una sostenida reducción de la brecha a favor de Labastida, hasta que Fox prácticamente lo alcanzaba; en la realidad, Fox triunfaría por seis puntos. En 2006 las encuestas fueron indicando un cierre en la brecha entre Calderón y López Obrador, que coincidiría con el resultado sumamente cerrado entre ambos contendientes. En 2012 las encuestas fueron mostrando una caída de las intenciones de voto a favor de Peña Nieto y el ascenso correlativo de López Obrador; al final la brecha entre ambos sería más cerrada que la que mostraban las encuestas, pero las últimas en el tiempo resultaron más próximas al resultado. Lo mismo en 2018, cuando se fue mostrando un ascenso sistemático a favor de López Obrador, que terminaría por encima de los 50 puntos.

Siempre el promedio de las encuestas tendió a ser peor estimador del resultado que las mejores mediciones por su exactitud. Sin embargo, la tendencia reflejada por el conjunto de encuestas resultaba coincidente con el resultado, aunque pudiera quedarse corto el ajuste a favor de la opción que mostraba una tendencia ascendente, así no fuera la ganadora.

La historia narrada por las encuestas en 2024, tiene una relación diferente con los resultados, pues a partir del arranque de las campañas de manera sostenida se mostró una reducción de las intenciones de voto a favor de Sheinbaum, acortándose por ello la brecha con Gálvez. Y el resultado mostraría una diferencia significativamente mayor a la indicada por el promedio de encuestas, más próxima a lo medido al inicio de las campañas y lejano al cierre. Por ende, las mejores mediciones no serían las finales, sino algunas lejas en el tiempo. Esto es claramente contrario a la tendencia mostrada por las encuestas y diferente en la distancia sugerida entre las dos principales contendientes por las encuestas finales. Los poco más de veinte puntos que indicaban las encuestas se mostraron, luego lejanos a los 32 puntos que separaron a los dos primeros lugares cuando se quitan los votos nulos y por candidatos no registrados por una distancia inusitada.

Al cierre del período de campañas electorales, se detectó finalmente un total de 650 mediciones por encuesta de las preferencias para la elección por la Presidencia de la República, bajo la responsabilidad de 50 distintas casas encuestadoras, distribuidas de manera más o menos equilibrada según el modo de aproximación utilizado primordialmente  en sus estudios.

Tres cuartas partes de estas encuestas correspondieron a ejercicios mediante entrevistas automatizadas, casi la mitad del total a estudios realizados mediante entrevistas telefónicas con respuesta de voz interactiva y poco más de una cuarta parte mediante entrevistas a través de la red mundial. El método más tradicional de encuestas, las entrevistas presenciales, representaron en esta ocasión solamente 12 por ciento del total de mediciones difundidas, mientras que las encuestas telefónicas a través de operador representaron una proporción similar de casos del total de encuestas detectadas, por lo que los modos de aproximación personalizados representaron en conjunto apenas la cuarta parte restante del total de estudios.

El volumen de encuestas detectadas aumentó de manera significativa a  partir del arranque formal de las campañas, pues si antes se tuvieron volúmenes próximos a una docena de encuestas por semana, esta cantidad llegó a situarse entre veinte y hasta casi cuarenta estudios durante el período de campañas e incluso a más de cincuenta en la última semana antes del cierre de publicación de encuestas.

Al aplicar un filtro para detectar lo que se consideran como encuestas finales por haberse realizado durante el mes de mayo de 2024 y ser la medición de fecha más próxima de una determinada casa encuestadora, se tiene una selección de 44 encuestas finales cuyas estimaciones constituyen el conjunto de encuestas que se cotejarán con los resultados de la elección, en específico y como suele hacerse por ser lo más pertinente, con los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).

La diferencia entre los resultados electorales preliminares y las estimaciones hechas por el conjunto de encuestas electorales finales es clara, pues mientras los datos preliminares muestran una distancia de 32 puntos entre las dos principales contendientes, las encuestas marcaban una distancia media de apenas 22 puntos. Esto no mejora mucho cuando solamente se considera la colección de encuestas realizadas mediante entrevistas presenciales en viviendas, subgrupo que es totalmente acorde con lo incluido en el Observatorio Electoral 2024 de CEDE Colegio de Especialistas en Demoscopia y Encuestas, que suele ser la fuente idónea y convencionales para los datos sobre encuestas presenciales en México.

El indicador más socorrido para estimar el error de las encuestas, es la inexactitud en el margen de ventaja entre lo estimado y lo computado en el resultado oficial. Este indicador, denominado M5 por corresponder al quinto medidor sugerido en un estudio tradicional realizado por Frederick Mosteller en 1949 luego de las elecciones presidenciales del año anterior en Estados Unidos, no es más que la diferencia aritmética entre la distancia calculada por una encuesta y la diferencia real entre los dos primeros lugares en una contienda electoral.

Conforme este indicador, las encuestas finales previas a la elección presidencial de 2024 mostraron una inexactitud media de 13 por ciento, con una desviación estándar de diez puntos. Aunque es mayor la exactitud de las encuestas presenciales conforme a este indicador, la distancia entre lo estimado y lo observado es todavía de diez puntos en el grupo de las encuestas cara a cara en vivienda, mejor que conforme otros modos de aproximación, siendo las encuestas telefónicas con respuesta de voz interactiva o robotizadas las que presentaron en promedio una mayor diferencia entre lo medido y lo ocurrido, alcanzando una inexactitud de 18 por ciento.

Menos utilizado, pero más completo y pertinente, es el estimados M3, nuevamente de la serie de medidores sugeridos por Mosteller, que corresponde al promedio de la diferencia absoluta entre lo medido y lo observado para cada uno de los contendientes, tomando en cuenta a todos ellos. Esto es, al promedio de la distancia entre lo estimado y lo realmente obtenido por cada uno de los competidores.

Como puede verse, la distancia media en la medición de cada uno de los contendientes es de 5.7 por ciento para la totalidad de 44 encuestas finales detectadas, con una desviación típica de 3.4 por ciento. El subconjunto formado por las doce encuestas presenciales finales tuvo una inexactitud conforme este estimador de 3.9 puntos, con una desviación estándar de 1.8 por ciento. Estos errores son claramente menores a los observados desde otros modos de aproximación, dado que el promedio para las telefónicas con operador fue de 4.9 por ciento, elevándose a 6.5 puntos para las realizadas mediante entrevistas en espacios digitales y hasta 7.8 por ciento para el conjunto de mediciones finales hechas a través de entrevistas telefónicas con respuesta de voz interactiva, comúnmente conocidas como robotizadas, el doble de lo medido para las encuestas mediante entrevistas presenciales.       

Ahora bien, ¿qué pasa cuando se coteja la inexactitud observada entre encuestas y resultados a lo largo del proceso electoral 2023-2024? El Gráfico 6 muestra la comparación de las mediciones para cada una de las candidaturas versus el resultado a lo largo de este proceso, en promedio para las encuestas terminadas cada cuatro semanas en una serie de medias móviles.

En este gráfico pueden observarse varias cosas: primero, el crecimiento sostenido entre el primer debate y el cierre de campañas en el caso del contendiente por Movimiento Ciudadano, que lleva su medición a encontrarse con el dato preliminar de la elección. A diferencia, en el caso de Sheinbaum se observa un declive sostenido a partir del arranque de las campañas, con una pérdida de ocho puntos que genera una distancia de siete por ciento entre lo estimado al cierre y lo obtenido según los datos preliminares; el mejor ajuste entre lo estimado y lo observado se dio antes del primer debate, pues a partir de entonces las mediciones se situaron en promedio por debajo de lo que sería el dato real. En el caso de Gálvez la situación es peor, pues salvo hacia la primera quincena del mes de diciembre, en todos los demás momentos la estimación promedio de las encuestas se ubicaría por encima de lo logrado conforme los resultados preliminares, siendo la desviación por lo común de cinco puntos y llegando a seis al cierre de campañas.

Así, la distancia media en promedio por las encuestas se situó por debajo de los datos preliminares a lo largo de todas las campañas y se desvió claramente al final, cuando se estimaba, 21 puntos de diferencia en promedio, cuando las cifras preliminares indican 32 puntos.

No es muy distinta la situación si se toma al subconjunto formado por las encuestas presenciales. En el caso de Movimiento Ciudadano, la confluencia indicada entre mediciones por encuesta y resultados al cierre de campañas se vuelve a encontrar. En el de Gálvez, si bien hasta fines del año pasado las encuestas presenciales situaban sus intenciones de voto por debajo de lo que ocurriría, a partir del inicio de 2024 y hasta el cierre de campañas las encuestas presenciales mediarían en promedio una intención de voto por esta candidata opositora por encima de lo que lograría conforme los resultados preliminares. En cambio, Sheinbaum se estimaría por encima de lo obtenido hasta el arranque las campañas y a partir del inicio de los debates se calcularía como media una intención de voto a su favor menor a la reportada por el PREP, por lo que al cierre se habrían reportado 23 puntos de distancia entre los dos primeros lugares, cuando los datos preliminares indican 32 puntos.

¿Qué explicación podría darse a las discrepancias entre mediciones por encuesta y resultados electorales, más allá del recurso a acusaciones de irregularidades de una magnitud tal que impactara de manera significativa el resultado conocido? Una hipótesis que podría sugerirse es la existencia de una espiral del silencio como la propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, en 1977, cuando estudia la opinión pública como forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no. De asumirse esta hipótesis, lo políticamente correcto al parecer de una parte significativa del electorado habría sido no informar sobre una intención de voto a favor de la opción gobernante, ocultando su preferencia. Eso supondría asumir que el clima de opinión predominante era contrario al reconocimiento de una voluntad de sufragio a favor de quien gobierna y resultó ganadora. Aunque esta perspectiva pudiera corresponder con la realidad, resulta difícil asumirla, dado que por lo regular el silencio afecta a los opositores y que es cuestionable que el ambiente fuera contrario a la manifestación de una preferencia por quienes gobiernan.

Desde luego, queda la posibilidad de suponer que simplemente estamos ante el reflejo de inexactitudes en las encuestas que afectaron a los promedios. Empero, la ubicación del resultado preliminar en un mapa de las estimaciones de las encuestas nacionales para los dos primeros lugares en la contienda en pos de la Presidencia de la República, que muestra claramente como la mayoría de los estudios se situaban lejos del resultado y concentrados en una medición próxima entre sí. Pudiera ser que solamente estemos ante un error sistemático de la mayoría de encuestadoras, aun dejando fuera a aquellas que en el extremo invertían el orden de quienes contendieron.

Esto ha pasado en muchas ocasiones. Lo que no ha pasado es que se vayan de largo en una reducción del voto para una opción que termina situándose donde estuvo muchas semanas antes del final de la contienda. Eso no había pasado y eso es lo que habrá que explicar en esta elección si de lo que se trata es de realmente entenderla.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba